Mamey, una invitación a la huerta

Orgánicos Mamey basa su propuesta en el trabajo de mujeres, mujeres recias, mujeres de la zona de Checa, que trabajan incansablemente para que ustedes reciban sus productos frescos.

Eran las nueve de la mañana cuando doña Doña Agustina Chicaiza, de 62 años, nos esperaba en la puerta de su casa, con sombrero, para un nuevo recorrido por sus sembríos. Sus manos son duras, curtidas por el trabajo. Su voz, suave, dulce como las frambuesas que dividen una parcela de la otra. Ella va a la cabeza, le sigue su hija Alba. La tierra está mojada, la noche anterior había llovido un poco, una bendición que no dejan de agradecer.

mujeres

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Primero vamos a los invernaderos donde se cultiva tomate riñón, tomate cherry,  pepino y pimientos rojo y amarillo. También hay uno que otro árbol de babaco. Los tomates son, de lejos, los productos más demandados, por eso unos cinco invernaderos de unos 20 metros cuadrados están desperdigados por las 2 hectáreas de terreno que Agustina tiene en esta parte de la parroquia de Checa. Ella y sus hijas son miembros de una familia originaria de la zona que heredó tierras de su padre.

“Él era hausipunguero de la hacienda de un señor Corral, y le dieron estas tierras. Nueve hectáreas que repartió entre sus hijos. Mi hermana y yo tenemos 4 hectáreas de cultivos”. 

“Somos mujeres las que más trabajamos en esto. También nos ayudan los nietos. A veces tenemos que despertarnos a las tres de la mañana para organizar lo que se ha cosechado el día anterior. Las jornadas pueden llegar hasta las 11 de la noche, empacar y seleccionar bien los productos es largo. Los cultivos hay que hacerlos temprano para que no pegue el sol”, dice su hija Alba, de 28 años que carga a su pequeña hija. Son cuatro generaciones de trabajo, tradición y responsabilidad.

Sus cultivos tienen certificación orgánica por parte de la agencia de promoción económica ConQuito. Cualquier rato, sin aviso,  les visitan, toman muestras, las analizan y así continúan con su certificación orgánica.

Pero lo que más motiva a mantener estos cultivos, pese a que muchas veces se pierde la producción, es la salud, su salud y la de sus clientes, dice doña Agustina. Y el sabor, ese sabor que los productos tratados con químicos han perdido. Este es el séptimo año que tienen la certificación. Y siguen, seguimos.

Los surcos están llenos de lechugas, morada y verde. De albahaca. Las cebollas puerro y larga, están en crecimiento. Coles, zanahorias y remolachas. Rábanos blancos y rojos, que están pequeños aunque son de crecimiento rápido. Por ahí las uvillas, que esta vez han sufrido luego de tanta lluvia. Entre tanto el perejil, la col calé que parece un pequeño árbol venido de la prehistoria y, regados por todas partes, plantas de pimiento verde. Variedad, caseritos, mucha variedad.

Una hilera de conejeras separa los sembríos de la compostera. Los conejos se alimentan de hojas, de alfalfa y de alguna zanahoria, nada de  alimento balanceado. Su excremento sirve para nutrir el compost que está en un rectángulo de ladrillo de unos 20 metros donde se deposita todo desperdicio orgánico. Está construido en desnivel para que el líquido, un fertilizante orgánico, decante en un poceta que luego de varios procesos, servirá para fertilizar la tierra y dotarle de los nutrientes que las verduras y legumbres requieren. Todo está verde, y brilla.

No todo es fácil. Cuando se experimenta con nuevos cultivos, no siempre se tiene suerte. Hay que considerar que sin tener a mano recursos químicos, hay productos que no se logra cultivar o que se dañan por plagas, en pleno proceso de producción. Muchas personas piden por ejemplo berenjenas, pero ha sido imposible su producción por ser muy propensas a las enfermedades. Decenas de mariposas blancas revolotean por ahí, son ellas las que ponen huevos, que producen orugas, que se comen las hojas de los cultivos. Hay que quitar con la mano las orugas, usar insecticidas y repelentes naturales cuya fórmula no revelan. Sí, tienen ají y otras cosas más.

Las plántulas para los nuevos sembríos las obtienen de sus propias huertas, doña Gladys, la otra hija de Agustina las hacen crecer en invernaderos hasta que están robustas y es momento de trasladarlas, sea a los huertos al aire libre o a los diferentes invernaderos. No pueden procurarse plantas que no sean orgánicas bajo el riego de afectar toda la producción.

Toda la zona se beneficia del sistema de riego de El Pisque, una red hidráulica que se construyó con fines agrícolas que se alimenta de los deshielos del Cayambe y sirve a unas 17 mil hectáreas desde Otón hasta Pifo, pasando por el Quinche, Checa, Yaruquí, etc.  No hay ninguna industria que afecte a este canal que se monitorea y recibe el mantenimiento de autoridades y todos los beneficiarios, permanentemente.

Además, en nuestro caso, hay una fuente de agua natural, un ojo de agua, una vertiente que sirve para el riego de las dos hectáreas que están en la parte alta, hacia el cerro de Puntas y de donde se obtiene cultivos como maíz, cebolla, camote, papa y chocho.

De regreso a la casa, un cerco de malla encierra a una veintena de gallinas. Tampoco comen balanceado, solo granos de maíz que otorgan ese amarillo intenso a las yemas de sus huevos. ¡Hmmm!,

Arrancamos al azar una frambuesa, roja y dulce. En la sala de su casa nos sentamos a conversar y preparamos con ellas la nueva canasta de la semana. ¡Listo!

Lo que viene después es la promoción, la oferta: ¡Lleve, lleve caserito! La comunicación con los clientes, los cambios, las sugerencias, la recepción de los pedidos, el orden de cosecha, esa que hacemos los miércoles para repartir los jueves.

Ese día, la jornada en la huerta empieza a las cuatro de la mañana. A las 05h15 llegan las gavetas llenas para organizar entregas y de ahí, otra vez una mujer prepara con amor cada canasta, cada pedido y empieza su largo recorrido que llevará hasta sus casas, hasta sus mesas, nuestras deliciosas, sanas y bien cuidadas hortalizas orgánicas,

¡Que lo disfruten!

One thought on “Mamey, una invitación a la huerta”

  1. Juana Estrella
    Responder

    Juana Estrella

    Por eso consumo productos de Orgánicos Mamey, para colaborar con el fortalecimiento de la cadena productiva, solidaria y equitativa de estas mujeres que a su vez colaboran con la alimentación sana de mi familia. Gracias

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